Cuando a una persona le diagnostican una enfermedad que le cambia la vida, como el cáncer de pulmón, puede sentirse abrumada y asustada. Son sentimientos normales y válidos
Vivir con cáncer puede resultar estresante, desde afrontar el diagnóstico hasta someterse a los tratamientos, y todo ello sin descuidar a su familia y amigos y siguiendo con su vida cotidiana. A menudo hay que hacer verdaderos malabarismos.
A lo largo del tratamiento del cáncer o de la recuperación, posiblemente esté pasando más tiempo en casa que antes. Es posible que sufra los efectos secundarios del tratamiento, como cansancio o inmunodepresión, y que tenga menos energía para el trabajo o las relaciones sociales.
Hablar de su cáncer con sus seres queridos a menudo puede resultar difícil. Desde el diagnóstico hasta el tratamiento y más allá, es probable que cambie lo que siente acerca de su cáncer. Algunos días, puede sentirse esperanzado; otros días, puede sentirse enojado, triste o asustado.
Un diagnóstico de cáncer puede resultar abrumador, por lo que es útil contar con un sólido sistema de apoyo, pero antes de poder acudir a sus amigos y familiares, primero debe compartir la noticia con ellos.
Adam sube al escenario frente a una multitud, usando un bastón para ayudarse a mantener el equilibrio. Hoy, está dando una de las muchas charlas que ha dado sobre su diagnóstico de cáncer cerebral en 2016.